jueves, 11 de mayo de 2017

¿Por qué (te) mientes?

I



La gente miente por miedo. Todos mentimos por miedo. Miedo a defraudar a tu padre, a tu madre o a los dos. Miedo a no estar a la altura, a lo que piensen de ti, a lo que digan, a las consecuencias si haces o no esto o lo otro.
Miedo a ti mismo, a enfrentar tus miserias, a reconocer tu esencia y verte por dentro.

Nos asustan casi siempre las mismas cosas. Mentir se nos da bien. Una mentira tapa otra mentira y forma la gran bola de la mentira
que rueda incansable, cada vez más grande, más incontrolable y descarada.






II


Sé de una mentirosa profesional [que es para estudio, os lo juro]. Esa sí que miente. Tanto que tiene récord de mentiras por minuto.
[Permitidme que la ponga como ejemplo máximo de persona "fake"]


Os cuento: la conozco y me asombra su incapacidad para ser feliz. Se miente a ella misma, no se soporta e inventa mil anécdotas que la colocan en un lugar destacado. Se cree especial, la pobre, creyéndose sus propias mentiras.
No para su cerebro ni un segundo. Falsa como su mirada. Rencorosa y frustrada. Viviendo sus "días de mierda" con momentos memorables de triste autoengaño.

Miente por miedo. Es de manual. Miedo a sentirse sola, a no ser amada, a que la vean tal y como es.
Un querer y no poder: la historia de su vida. Neurótica, maniática, patética. Fantoche ridícula. Ser infumable. Mamarracho insoportable.

Digna de lástima si no tuviera ya de envidia el alma negra y el corazón podrido.











III



Tarde o temprano somos descubiertos. Las mentiras tienen las patas muy cortas. Pero si somos nosotros mismos los engañados habrá noches de desvelo donde nos tiemble el alma y aterrorizados veamos quiénes somos en realidad. No falla, eso pasa siempre. Aunque inconscientes creamos poder ser felices en nuestro patético mundo de mentira.












IV


Ahora, piensa si hablo de ti. Piensa si merece la pena ser otro, vivir una vida de apariencias vanas, de alegrías descafeinadas, de felicidad enlatada, como esas risas falsas que ponen en las series.

Manipulada la verdad, no hay nada que nos ayude a vivir en paz.

lunes, 20 de marzo de 2017

47 Tuc X9












Fue la fatalidad la que hizo que yo me encontrara en esa órbita maldita de tu mirada.
La atracción me nubló la vista y acelerada solo pude buscarte, imantada
a tu alma negra como tu corazón.

Con el tiempo he sido consciente de este tirón tan fuerte: todo me ha llevado a ti.
Mis pocos años, entonces, luego mis inseguridades, siempre atada a ti
como una maldición. Si ya eres mi centro, ¿nunca podré escapar?, ¿no volveré mi cabeza y observaré más allá de tu oscuro rostro llevándome a la destrucción?

Pienso que algo falla en los dos: tú fuerte y yo arrastrada, tú potente, yo vencida.
¿Qué vida tendríamos el uno sin el otro? ¿Haremos de la necesidad virtud?
Luchar contra esto es perder. Acepto mi destino, ¿o es el tuyo el que estoy viviendo?
Si al menos me acordara de quién era antes de haberme quedado prendada, enredada en este torbellino diabólico que me traga, que me hace nada. 

La resignación y las lágrimas. Soy cobarde. No puedo. No quiero dejar de bailar esta danza macabra de centro y su circunferencia. No soy ya tan especial pensarás si lo comparas con la eternidad. 


Inevitablemente nos encontraremos. 
Y en esta lucha cuerpo a cuerpo
éxtasis, miedo, dolor, recuerdo.
Frénetica carrera, inútil tarea...


Siempre estuvimos muertos.





Un equipo de astrónomos ha descubierto una estrella [47 Tuc X9] que gira cada media hora alrededor de un agujero negro.


lunes, 27 de febrero de 2017




"Si te digo que te necesito, te miento. Pero si te digo que no te necesito, también te miento. A ver si te explico: no eres mi aire, no te necesito para respirar, pero sin ti, no siento que respiro."
Jaime Sabines



Cuando hablamos de amor no caben todas las palabras.

No valen expresiones equívocas que signifiquen una cosa y su contraria.

Me gusta quererte y que me quieras. 

Me gusta este amor tan nuestro
que nos hace ser cada vez más nosotras.

Me gusta la persona que soy contigo, la que te adora, la que siempre quiere verte feliz. 

Ser yo contigo y que tú seas conmigo. 

Acompañarnos en este batiburrillo de frustraciones, luchas, miedos y temores que inundan esta loca vida, tan humana y tan ajena. 

No te quiero porque estés de acuerdo conmigo, ni porque nos parezcamos algunas veces. 

Son más las diferencias lo que me gusta de ti. 

Ese otro punto de vista, esa postura que me reta a verme contigo, a saber que eres tú, esa otra persona, la que me hace ser más yo misma. 



Nunca, cuando amamos, tenemos un espejo más puro que cuando miramos al ser amado. 



Por eso te necesito, porque en ti veo reflejada quien soy: me siento, te siento. 

Me gusta ser. Sería sin ti, por supuesto que seguiría viviendo, pero no sé si, siendo yo, sería tan feliz.

Me aferro a ti para poder sostenerme en este mundo líquido que lo ahoga todo.




Ahora podríamos hablar de besos y abrazos, de miradas, de deseos... luego seguiríamos con la belleza de tus ojos, de tu pelo, de tus labios... añadiríamos suspiros y te quieros varios con música de violines. Toda la cáscara vacía que aparenta el amor y sus sucedáneos. 


Yo no te amo solo. Yo te vivo. 


Y en nuestras manos recogeremos los años que harán de nuestra vida una gran historia de amor ❤️ 

                                   












jueves, 28 de julio de 2016




Y mis brazos quedaron sin saber cómo llenar el hueco que tú ocupabas.
Cogerte en brazos una y mil veces: bajar y subir las escaleras, 
llevarte al patio, a la terraza, subir y bajarte del sofá...
Pegarte a mi pecho y hacer que respiraras con mi latido. 

Es extraño no saber dónde has ido, si parece que te veo por toda la casa.
Permaneces como un fantasma bueno cuya presencia me revela un secreto que yo no quiero aceptar por si al final va a ser verdad que no soy yo la que veo sino tú la que estás. 

Siempre vas a estar. 

Podría haber imaginado que los besos que te daba se quedarían en menos.
Debería haberte dado más y así compensar este dolor de ausencia.
Ahora sé que nunca habrían sido suficientes. 

Tú ya no estás mirándome con esa adoración, eligiéndome sin dudar para ser la beneficiaria de tu ternura.

Te pido que, si, como creo, puedes, me ayudes a pasar estos días de no tenerte que se harán eternos.
Hazme sentir que todo encaja, que no hay error y que las cosas siguen un baile armónico de sucesivos pasos marcados con el ritmo justo de la vida, esa que no comprendemos y que nos pasa a veces como un camión por encima.


miércoles, 29 de abril de 2015

"...claro, como estás a dieta..."


Vengo a escribir este post como respuesta a mucha gente que al verme más delgada, y aunque eso no lo digan, con mucho mejor aspecto, me cuestionan mi logro mediante la muletilla: "claro, como estás a dieta..."

Estar a dieta (régimen) de manera temporal (me da igual que sea una semana, un mes o un año) sirve para perder peso y luego recuperar el triple cuando la dejas. Mi dieta no es temporal. Al final va a ser que estoy a dieta "permanente" y esto al parecer les agobia mucho más. Porque ¿se puede estar sacrificándose siempre? ¿Merece la pena? ¿Es eso normal, o es que estás obsesionada, ortoréxica, vigoréxica, tonta el culo, vamos....?

Me apetece explicarme y de paso si algun@ me lee que aprenda algo.


1. Cambiar tus hábitos nutricionales por otros más saludables y aumentar tu actividad física NO es "estar a dieta". Se trata simplemente de cuidar y seleccionar lo que comes y bebes durante ya toda tu vida. Eliges "salud" como estilo de vida. Nuestro cuerpo no es un basurero. La nutrición y el ejercicio físico pueden ser nuestros mejores aliados. Tú eliges. Puedes ponerte "a dieta" (hacer un régimen) durante un tiempo y podrás perder peso (que recuperas doble al dejarla) además de dinero y salud, o cambiar tus hábitos por otros saludables.

2. Yo no cambié mis hábitos alimenticios para perder peso. Sin embargo, la incorporación de este nuevo modo de comer y moverme, me han hecho perder "grasa" que me sobraba (unos 5 kilos en 10 meses ) y ganar masa muscular que me hace verme y, sobre todo, sentirme mucho más saludable, fuerte y animada. Si tengo más fuerza, menos dolores; estoy más tonificada y me veo mucho mas estilizada, esto no parece ser un "engañabob@s". 

3. Elegir alimentarse bien (saber comer) está al alcance de tod@s, querer hacerlo y hacerlo bien, para eso parece que somos pocos los llamad@s. Pero cuando ves que funciona y no solo por el peso, insisto; cuando compruebas en tu propio cuerpo el milagro, ya nada ni nadie puede convencerte de que "estás a dieta". Nada ni nadie puede quitarte la satisfacción de tener hábitos saludables y de desterrar los malos. Solo sonríes y piensas: qué pena, todavía no ven que cuidarse es la clave (a cualquier edad, pero sobre todo con la pila de años que ya tenemos algun@s). 

4. Sobrepeso (o peor, obesidad), diabetes, tensión alta, hipercolesterolemia, problemas cardíacos, dolores articulares, musculares, lesiones por falta de ejercicio, depresión, estrés, falta de autoestima... Si quieres mejorar en todo esto, no hay "dietas milagro" que funcionen verdaderamente. Por eso yo no estoy a dieta. Hago todo lo posible para que lo que coma no boicotee mi salud. Si tengo que privarme de "algo" que es veneno para mi cuerpo, no me cuesta ningún sacrificio prescindir de él. Lo mismo que no bebo hasta alcoholizarme o no tomo otro tipo de drogas...

5. Y todavía habrá algun@ que me repita: sí, pero tú "estás a dieta" porque no comes "fritos"(patatas fritas) , grasas saturadas (tocino), hidratos de alto índice glucémico (pan blanco), azúcar, alcohol (tipo cubata)... Vale, hagamos un trato. Voy a confirmarte que "mi dieta" (mi forma de alimentarme) excluye esos productos a diario. Pero también confieso que al menos una o dos veces en semana hago mi "cheatmeal" en el que me salto alguna prohibición, cosa que me libera de no poder comerlo NUNCA. Es mucho más sensato comer cosas poco saludables alguna vez, que no a diario.

6. Esta es mi filosofía, mi estilo de vida saludable. A mí me está funcionando. No cuestiones lo que tú no has querido, sabido o podido llevar a cabo. No luches contra lo que es incuestionable y además puedes comprobar con tus propios ojos. La voluntad, el esfuerzo, el autocontrol, la motivación, la coherencia y sobre todo la libertad de elegir me hacen no dar un paso atrás en lo que considero vital (ese es el adjetivo apropiado: me va la vida, mi vida, en ello) y sobre todo, me hace feliz. 










miércoles, 8 de abril de 2015



¿Sabes? ¡Soy tan feliz con la vida que llevo contigo!

Eso me dices con la cara iluminada, cogiendo tus cosas para irte al trabajo. Estás ya arreglada, guapísima, de pie, con las llaves del coche en una mano y en la otra tu bolso. Me lo dices sin venir a cuento. Hace un rato hemos llegado del gimnasio y tú te has apresurado para prepararte y marchar a trabajar. Yo me he quedado mientras tanto en la planta de abajo, en el salón, sentada con los perrillos, tomando un café, relajada y distraída haciendo tiempo para ir a darme una ducha. 

Cuando te he oído, cuando te he mirado y te he visto, tan llena de luz, no me ha sido posible detener el sobrecogimiento, la ola de besos que me ha inundado y que me llegaba a través de tus ojos, tan fijos en los míos. Te he sonreído, incapaz de pronunciar palabra. Podría haberte contestado con un te quiero, que me hubiera insatisfecho, porque es poco decir te quiero cuando quieres de verdad. 

No he podido responder que amarte es lo mejor que me ha pasado en mi vida, y que tú me ames es el milagro que todos los días la vida me regala. No te he dado las gracias por hacer que sea la persona que me gusta ser, por acompañarme en este pozo que es la vida, por tener siempre tu mano  preparada y tirar de mí, y llevarme contigo a donde haga falta con tal de ir las dos...

Me he quedado muda, sin poder articular palabra. Tonta sin remedio. No sé cómo he podido contenerme y no correr hacia ti y comerte a besos. Ya estabas en la puerta, no podías entretenerte para no llegar tarde al trabajo. Sin embargo, has sabido elegir las palabras justas para que todo encaje. Te has ido satisfecha, habiendo dicho lo que querías decir. Y a mí me has dejado flotando con el eco de tus palabras, recordando tus gestos, tu cara, tu pelo, tu voz, la luz de tus ojos cuando me has dicho que eras feliz. 















martes, 17 de marzo de 2015

La suerte de haberte conocido





                                                                                                                                                                         
Hoy hemos estado charlando otra vez sobre el tema de la suerte...



Tú comentabas que habíamos tenido mucha suerte al habernos encontrado como pareja. Yo te he respondido de inmediato que no creía que fuera un "golpe de suerte" el que tú y yo estemos juntas, durante tanto tiempo, amándonos, compartiendo nuestras vidas, ya confundidas la una con la otra. 

Muchas veces se concibe el tener suerte, buena suerte, como algo que te viene de fuera, donde tú no participas en absoluto, no pintas nada. Yo a ese tipo de suerte, en la que uno no actúa, la llamo azar. Ese azar que hace que te toque la lotería (algo bueno, en principio) o que casualmente te caiga una teja en la cabeza y te mate (mala suerte, muy mala). Ese accidente fortuito que te afecta, para bien o para mal, no me gusta llamarlo suerte. Eso es el azar jugando con nuestras vidas.

Me gusta pensar que la suerte, sobre todo la buena suerte, es algo que yo busco y me curro un poco. Tener suerte en la vida es sentir un equilibrio entre lo que has conseguido y lo que inevitablemente has tenido que perder. Vivir es estar continuamente eligiendo: cuando eliges una cosa siempre renuncias a otra. Incluso en el caso de que puedan ser compatibles, nuestros objetivos muchas veces nos obligan a alejarnos de otros. 

Pero la suerte, tal y como yo la considero, implica un sentimiento, una conciencia de ser. Por eso yo prefiero decir que "soy/me siento afortunada" cuando me paro a pensar en mi vida en general, haciendo balance y siendo consciente de mi recorrido vital. Tener fortuna (por supuesto no me refiero a dinero) en algún aspecto personal, siempre va unido a una apreciación particular, individual, que te lleva a afirmar soy o no soy afortunado/a en tal o cual cosa. Cualquiera, intentando verlo de una manera objetiva, te puede decir que eres muy afortunado; pero no es hasta que tú lo puedes ratificar que eso tenga sentido. 

Creo que en muchas ocasiones utilizamos "suerte" muy a la ligera. De ese modo se le suele comentar a alguien que tiene mucha suerte porque disfruta de una pareja estable a la que adora y es correspondido, una profesión y puede vivir de ella, unos hijos educados, una casa, un coche, una familia, unos amigos... Es cierto que en la consecución de todo ello puede que actúe el azar (aunque sea un mínimo): hechos puntuales que inician algo; pero si tú no decides, piensas, ideas, proyectas y/o actúas, nunca se transformarían en el "logro" que te hace "sentir afortunado".

Así que yo no creo en la suerte. Ni buena, ni mala. Creo en la constancia de un deseo; en la paciencia ante lo que tarda en llegar, en la motivación, en el trabajo, en la lucha por ser, por tener, aquello que sabes y sientes que te hará feliz, que te hace encarar la vida, tu vida, como un viaje en el que tú has elegido el itinerario y has llegado sano y salvo a tu destino. Yo quiero "tener qué ver" con lo que pasa en mi vida, ser responsable y asumir mis aciertos y mis errores.

Ahora, mi amor, te digo que somos afortunadas, porque tenemos una vida bonita con nuestros perrillos... Una vida a dos que nos equilibra, que nos compensa por todo lo que hemos ido dejando en el camino, por todo lo que la adversidad ha podido arrebatarnos. Sentirse afortunado es "estar ok" con la vida, a pesar de los pesares.


Y vosotros, ¿os sentís afortunados? ¿Creéis que puede depender de vosotros (nada, algo, poco, mucho o todo) tener suerte en la vida? 





domingo, 1 de marzo de 2015

¿Te gustan los perros?





Desconfío de las personas a las que no les gustan los perros.
No quiero decir que tengan que ser amantes de ellos. No es eso. 
La cantidad de pasión que se ponga en ese gusto no me importa. 

Son aquellos que solo dicen "a mí no me gustan los perros", como quien afirma que no le gusta el queso, o los días de lluvía, los que me hacen mirarlos con recelo. Y es curioso, porque mi manía de no fiarme es al escucharlos decir eso. Es inmediato. Si lo piensan y no lo dicen..., pase; si no necesitan verbalizarlo puede que en el fondo esperen algún día conocer a su perro ideal. 

Esa gente que necesita decirlo mirándote a los ojos y sabiendo que tú los adoras. De esa, es de la que más desconfío, porque sé que cuando expresan su opinión están haciendo ostentación de su carencia. Y, perdonad que os diga, no hay nada más patético que eso. Podréis alegar, y con razón, que porque a alguien le gusten los perros no siempre es garantía de buena gente. Cierto y real. Por eso, lógicamente, no confío ciegamente en una persona a la que le gustan los perros: puede que le gusten y ser un impresentable total. 

Lo que me pasa y no puedo evitar, cuando oigo a alguien decir con pavoneo que no le gustan los perros, es sentir esa afirmación como un puñetazo en el estómago, es estar segura de que lo que en realidad se esconde detrás de eso es un desprecio mayor. Así que, y hasta ahora no me he equivocado, cuidado con los que no les gustan los perros: pueden morder.


                                           

                                         
     

viernes, 12 de diciembre de 2014

La primera vez

Era la primera vez. Una primera vez demasiado primera; tan no imaginada que hubiera parecido imposible que se diera no solo una primera, sino incluso alguna vez...


Tenía tantas ganas de besarla que descaradamente mis ojos buscaban sus labios. Me hipnotizaba unos segundos con su boca. Una boca perfecta para el deseo. Labios carnosos, todo jugo entre ellos. Rosados, casi rojos, voluptuosos. Imposible no querer probarlos, no intentar alcanzar a rozarlos siquiera. Una fuerza poderosa te llevaba a ellos como las olas del mar te arrastran hasta la orilla. Y como esa ola que va y viene, sin parar: un deseo estático que no cesa.

Ella no era consciente de la revolución que provocaba porque había nacido con ese magnetismo. Que era guapa, lo era. Pero no una belleza vacía que te lo da todo a primera vista. No, su atractivo era potente: la cadencia de sus gestos, su mirada, el modo en el que movía las caderas al andar. ¡Cómo caminaba! Parecían pasos de baile los que daba. Todo con un ritmo perfecto, en la postura, en reposo, en movimiento. Verla, solo observarla unos minutos te subía las pulsaciones. La fuerza de sus encantos nunca pasaba desapercibida. Era una mujer extraordinaria. 


Yo no tenía capacidad para rechazar ese fruto. No era posible decir no en nombre de la normalidad, o cualquier otro cuento chino. Me excitaba solo mirarla un poco. La deseaba hasta el dolor. Mis latidos desbocados llegaban casi a hacerme perder el sentido. Y tenía que respirar profundo para reanimarme dentro de esa muerte que suponía no echarme en sus brazos y abandonarme al placer húmedo, chorreante; empapada en sus besos, su saliva, sus dientes; el tacto de su piel, su cuello, su pecho, las curvas de su cuerpo, el roce de su sexo, el orgasmo perfecto: intenso, largo, casi mortal...

El juego erótico ya no se disimulaba. Ella sabía tanto como yo que íbamos a caer la una sobre la otra, revueltas o mezcladas en el acto supremo. Nos deseábamos con la urgencia de la primera vez que tocas el cielo, alentadas, dispuestas a no perdérnoslo. 




              





domingo, 16 de noviembre de 2014

Tu cumpleaños

Hoy, dieciséis de noviembre, es tu cumpleaños. Ya no cumples. Pero siempre seguirá siendo tu cumpleaños. Una semana justa antes de ese día te marchaste. Hace ya seis años. Cómo pasa el tiempo. Rápido cuando nos parece que vuela. Lento cuando nos parece que no avanza...

El tiempo es relativo. Pero seis años son muchos. Así lo veo yo ahora que hace seis años, más bien siete, desde tu último aniversario.  

Sueño contigo muchas veces. Sueño y ahí estás tú. Sales de mil modos en mis escenas oníricas. Y yo pienso y sé que eres tú, que ya no estás. 

Recuerdo muchas cosas de cuando era pequeña. Fui una niña con un gran mundo interior. Como casi todos los niños, supongo. Se me vienen momentos grabados en mi retina infantil.


Tengo la imagen de un cucurucho de helado de chocolate enorme. Exagerado de grande. Me lo compraste en el centro, en la Plaza de las Tendillas, de Córdoba. No sé los años que tendría, acaso nueve o diez. Qué importa. Me diste a elegir el tamaño y me sorprendió que aceptaras mi petición. No solías dar caprichos así como así. Ese día me comí el cucurucho más grande que jamás hubiera pensado. Me descolocó tu concesión. Pero me encantó ver tu cara satisfecha mirando cómo chupaba esa bola enorme, intentando que no se cayera. 


Una tarde salimos a pasear, yo llevaba una pelota mediana de goma, de colores, preciosa. Era nueva, recién la estrenaba. Tú me habías aconsejado no llevarla. Podía escapárseme de las manos e ir a parar a la carretera, que pasara un coche y, como efectivamente ocurrió, la estallara; rajándola en varios trozos. Cuando la pelota iba directa hacia el coche y vi como la destrozaba, me di cuenta de lo fugaz que puede pasar una dicha y de cómo la fatalidad nos envuelve. Lloré tanto por esa pelota. Era tan preciosa mi pelota, mía por una tarde. La mejor pelota que tuve nunca. Tú solo me respondías: te dije que pasaría, no llores más. Pero mi pena era porque yo quería esa pelota, la pelota más preciosa que nunca tendría.



En una ocasión me hiciste un vestidito,muy típico de aquella época de los setenta, que me pareció lindísimo. El cuerpo de "panal de abejas", mangas cortas "bombachas", cuello bebé; beige con pequeñas florecitas. Mi media melena con una felpa. Los calcetines blancos hasta la rodilla y unos zapatos tipo mocasines, azules con la pala blanca. Se me veían unos pies enormes, porque yo era bajita pero con un número grande de pie para mi constitución pequeña. Recuerdo, cuando lo estrené, que fuimos de visita a casa de mis tíos. Yo fui presumiendo de vestido y creo que tú también. Me veía tan guapa (me sentaba estupendamente) con ese vestido hecho por ti a mi medida.





Me vienen muchísimos recuerdos de cuando era pequeña y tú suponías tanto en mi mundo, es decir, todo. Ya de mayor es como si quisiéramos o tuviéramos la necesidad de ser otros muy distintos. Todo se diluye. Todo queda flasheado reconfortándonos en la ansiedad, en la pérdida, que, desde hace ya tanto tiempo, hemos perdido...





Los años se cumplen porque efectivamente ellos pasan, van a seguir pasando. Nos sucederán los días, todos los días (incluidos aquellos que nos sobrevivirán) cumpliéndose. Por eso hoy (no puedo pasarlo por alto) sigue siendo tu cumpleaños, aunque tú ya no cumples. Para los que nos quedamos, a veces, hay fechas en el calendario, días, que hacen un nudo en el corazón y aprietan fuerte.