jueves, 28 de julio de 2016




Y mis brazos quedaron sin saber cómo llenar el hueco que tú ocupabas.
Cogerte en brazos una y mil veces: bajar y subir las escaleras, 
llevarte al patio, a la terraza, subir y bajarte del sofá...
Pegarte a mi pecho y hacer que respiraras con mi latido. 

Es extraño no saber dónde has ido, si parece que te veo por toda la casa.
Permaneces como un fantasma bueno cuya presencia me revela un secreto que yo no quiero aceptar por si al final va a ser verdad que no soy yo la que veo sino tú la que estás. 

Siempre vas a estar. 

Podría haber imaginado que los besos que te daba se quedarían en menos.
Debería haberte dado más y así compensar este dolor de ausencia.
Ahora sé que nunca habrían sido suficientes. 

Tú ya no estás mirándome con esa adoración, eligiéndome sin dudar para ser la beneficiaria de tu ternura.

Te pido que, si, como creo, puedes, me ayudes a pasar estos días de no tenerte que se harán eternos.
Hazme sentir que todo encaja, que no hay error y que las cosas siguen un baile armónico de sucesivos pasos marcados con el ritmo justo de la vida, esa que no comprendemos y que nos pasa a veces como un camión por encima.


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